
Alan Sokal & Jean Bricmont
“Una superchería intelectual consiste en utilizar conceptos científicos —a menudo de manera vaga, metafórica o directamente errónea— con el único fin de conferir autoridad a un discurso que carece de contenido empírico o rigor lógico. El abuso del vocabulario científico no es un error inocente: es una estrategia retórica destinada a intimidar al lector y a inhibir la crítica”.
“Cuando términos como ‘teoría del caos’, ‘relatividad’, ‘topología’ o ‘mecánica cuántica’ se emplean sin definición ni conexión con resultados verificables, dejan de ser conceptos científicos y se convierten en ornamentos ideológicos. No estamos ante interdisciplinariedad, sino ante impostura”.
“La confusión deliberada entre metáfora literaria y afirmación factual es uno de los rasgos distintivos de la superchería: el autor se reserva siempre una salida retórica. Si se le exige precisión, responde que hablaba ‘poéticamente’; si se le critica por vaguedad, invoca la ‘complejidad’”.
Mario Bunge
“Las pseudociencias y las supercherías científicas no se caracterizan por afirmar cosas falsas —la ciencia también se equivoca—, sino por carecer de mecanismos internos de corrección. Allí donde no hay posibilidad de refutación ni voluntad de revisión, no hay conocimiento, sino simulacro”.
“El lenguaje oscuro no es profundidad: es a menudo una coartada. Quien no puede explicar con claridad qué afirma, cómo lo sabe y qué contaría en contra de su tesis, no está haciendo ciencia, sino propaganda intelectual”.
“Las supercherías prosperan en ambientes donde se confunde tolerancia con indiferencia epistemológica. Respetar a las personas no implica respetar ideas mal fundamentadas”.
Jesús Mosterín
“Una creencia que se blinda contra la evidencia deja de ser una hipótesis y se convierte en dogma. Muchas supercherías contemporáneas se presentan con ropaje científico, pero rehúyen sistemáticamente cualquier contraste empírico serio”.
“Invocar la ciencia sin aceptar sus reglas es como apelar a la ley sin admitir tribunales. El prestigio simbólico de la ciencia se usa entonces como capital retórico para vender convicciones previas”.
“No hay obligación moral de respetar creencias infundadas. La única obligación intelectual es ajustar el grado de creencia al grado de evidencia disponible”.
Richard Feynman
“El primer principio es no engañarse a uno mismo —y uno mismo es la persona más fácil de engañar. La pseudociencia suele comenzar cuando se confunde el deseo de que algo sea cierto con una prueba de que lo es”.
“Si una teoría no puede fallar, tampoco puede acertar. Una idea que explica todo, en realidad no explica nada”.
Carl Sagan
“Afirmaciones extraordinarias requieren pruebas extraordinarias. La ausencia de evidencia no se compensa con entusiasmo, ni con jerga técnica, ni con testimonios personales”.
“La pseudociencia se disfraza de ciencia imitando su lenguaje, pero evita cuidadosamente sus métodos”.
Steven Pinker
“Gran parte del pensamiento confuso contemporáneo proviene de tratar metáforas sugestivas como si fueran teorías explicativas. Usar palabras científicas no convierte una intuición en conocimiento”.
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«Nunca atribuyas a la conspiración lo que se explica perfectamente por tu estupidez», Napoleón.
La llamada ‘teoría conspirativa de la sociedad’ es la creencia de que los fenómenos sociales se explican siempre por la acción secreta de individuos poderosos y malintencionados. Esta forma de pensar es un sustituto primitivo de la explicación racional: elimina el azar, la complejidad y las consecuencias no previstas, y los reemplaza por intenciones ocultas.
El conspiranoico no entiende que muchas consecuencias sociales son el resultado de acciones humanas, pero no de designios humanos. Allí donde no hay un plan, imagina uno; donde hay fracaso, ve sabotaje; donde hay complejidad, introduce maldad.
El conspiracionista concibe la historia como un melodrama moral absoluto: nada es accidental, nada es ambiguo, nada es gradual. Todo acontecimiento debe ser explicado como resultado de una voluntad maléfica perfectamente coherente. La evidencia contraria no corrige la teoría: se integra como prueba adicional de la magnitud de la conspiración.
El rasgo distintivo del pensamiento paranoico no es la falsedad de sus afirmaciones, sino su estructura cerrada: una vez adoptado el marco conspirativo, ninguna experiencia puede refutarlo.
El conspiracionismo es una forma extrema de creencia irracional: fija convicciones allí donde la evidencia es débil o inexistente y, además, se blinda contra cualquier posible refutación. Desde el punto de vista cognitivo, no es una hipótesis, sino un dogma.
La mente conspiranoica no busca información, sino confirmación. Cada dato nuevo no se evalúa por su fuerza probatoria, sino por su utilidad narrativa dentro del relato previo.
