Cabaleiro 6

(Sobre la poesía de Ana Vade)

Nunca veréis en la poesía de A.V. una sintaxis académica, sino un ritmo fisiológico, de menstruo y cópula. No escribe con ideas, escribe con nervios. Las ideas vienen después, cuando el el poema ya está hecho. Antes está el temblor, el espasmo, la bilis. Si no sangra un poco, no ha escrito nada. La buena poesía es la que conserva el latido, incluso cuando parece incorrecta. Todo lo demás es redacción.

Acto somático, con tensión existencial que roza lo patológico (sotto voce) Expulsa, excreta, pero no pierde la forma, una rara elegancia, por decirlo así. Su mente obedece a la carne triturada, al sufrimiento vivido, a la misantropía y la soledad. Sus confesiones adquieren notas de universalidad (como en Sexton o Safo, por citar dos referentes muy disímiles)

No quiere agradar; lo que no quiere es engañarse. Clarice Lispector: “No escribo solo con la inteligencia. Escribo con el cuerpo entero. Cuando escribo, no entiendo: siento. Comprender vendrá después, si viene. La escritura verdadera es peligrosa porque desorganiza”.

Tiene algo de mujer maldita y femme fatale. Roza el límite de lo soportable, anatemiza la moral común. Mi gran maestra Kathy Acker, de quien casi lo aprendí todo, escribió: “La escritura es una forma de autolesión controlada. No se trata de belleza ni de forma, sino de verdad corporal. El texto es una cicatriz”.

Lean a A.V., es savia de fuego.

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