
George Orwell
“El éxito comercial es casi siempre una señal de que un libro ha renunciado a cualquier exigencia intelectual. El ‘best-seller’ no es el libro que más se lee, sino el que menos resiste la lectura crítica. Para vender mucho, un libro debe no pedir nada a quien lo compra: ni atención sostenida, ni esfuerzo conceptual, ni incomodidad moral. El lector debe poder abandonarlo y retomarlo sin haber perdido nada esencial, porque en realidad no había nada que perder».
Milan Kundera
“El best-seller es el triunfo del reconocimiento inmediato. Su ambición no es descubrir, sino confirmar. No dice al lector: ‘mira lo que no sabías’, sino ‘tienes razón en todo lo que ya piensas’. Por eso no molesta, no hiere, no abre fisuras. La novela, cuando se somete al mercado, deja de ser una exploración de la existencia para convertirse en un espejo tranquilizador. El éxito masivo es, casi siempre, la señal de que la obra ha renunciado a la ambigüedad, que es la respiración misma del arte”.
Vladimir Nabokov
“Desconfío profundamente de los libros escritos para ‘el gran público’. Esa expresión suele ocultar una claudicación estética. Un escritor que piensa en millones de lectores está, de hecho, pensando en ninguno. El best-seller halaga, adormece, simplifica. La verdadera literatura, en cambio, exige un lector ideal, no numeroso: uno que relea, que tropiece, que se equivoque. La popularidad inmediata es una forma de ruido; el arte trabaja en silencio”.
Italo Calvino
“La literatura industrial produce libros como quien fabrica electrodomésticos: con piezas intercambiables, funciones previsibles y obsolescencia rápida. El best-seller nace con fecha de caducidad. Está diseñado para ocupar un tiempo vacío y desaparecer sin dejar sedimento. El libro verdadero, en cambio, no se agota: vuelve distinto cada vez que se relee, porque no fue pensado para el consumo, sino para la duración”.
Hermann Broch
“El kitsch literario es el mal absoluto del arte. El best-seller es su forma más perfecta, porque simula profundidad sin asumir ningún riesgo ético. Emociona sin verdad, consuela sin comprensión. Allí donde la literatura auténtica inquieta y desestabiliza, el best-seller promete alivio. Es una estética del narcótico”.
Theodor W. Adorno
“La cultura de masas no elimina el arte: lo degrada. El best-seller es el producto cultural por excelencia, porque se presenta como elección libre cuando en realidad es resultado de una estandarización previa del deseo. El lector cree reconocerse en el libro, pero solo se reconoce en un molde que ya ha sido decidido por el mercado”.
Julien Gracq
“El éxito literario inmediato me parece sospechoso. Un libro que se vende con facilidad suele haber renunciado a toda aspereza. La literatura no debería deslizarse como aceite; debería ofrecer resistencia. El best-seller es una obra que se deja consumir demasiado bien, y por eso mismo se olvida con rapidez”.
Harold Bloom
“La popularidad no es un criterio estético. El best-seller pertenece al reino del entretenimiento, no al de la literatura fuerte. Leer únicamente lo que vende millones es aceptar que otros decidan por ti qué vale la pena pensar. El canon no se construye con cifras de ventas, sino con rerelecturas a lo largo del tiempo”.
José Ortega y Gasset
“Cuando la obra se adapta al gusto de la masa, deja de ser obra y se convierte en producto. El éxito multitudinario es, con frecuencia, el síntoma de una renuncia: la renuncia a exigir, a elevar, a incomodar. El arte auténtico siempre ha sido minoritario, no por elitismo, sino por dificultad”.
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¿Soportar lo insoportable sin cuestionar sus causas? ¿Iluminar el sufrimiento y «superarse», «mejorar»? ¿Aceptar sin más el reduccionista «Si no eres feliz, es culpa tuya»?
«La cultura de la autoayuda no libera al individuo: lo infantiliza. Le promete control emocional a cambio de obediencia psicológica. El ciudadano se convierte en paciente, y el conflicto social en un problema de autoestima. La autoayuda sustituye la política por terapia y la ética por bienestar subjetivo. En vez de formar carácter, enseña técnicas de supervivencia narcisista.”, dijo Christopher Lasch, uno de los intelectuales más lúcidos del siglo XX, hoy injustamente olvidado.
La literatura edificante o de la autoayuda niega la injusticia, el azar, la tragedia. Ocurre -dicen- simplemente que no supiste «programarte» bien a ti mismo. Este género de ideas ofende a la inteligencia. Las recetas de consuelos prefabricados de un gurú no funcionan. Si algo tiene visos de funcionar es el consejo que uno se da a sí mismo, previa y ABUNDANTE reflexión. El dolor no se ilumina con fórmulas. La felicidad no es un arcano que se encuentra en un libro de doce euros.
El hombre es un ser sin respuestas definitivas. La obsesión contemporánea por ‘sentirse bien’ ha producido una literatura que confunde sufrimiento con error. No se enseña a vivir como a conducir un auto.
Veamos un caso: Deepak Chopra. Ejemplo perfecto de pseudociencia consoladora; términos de la física cuántica usados como incienso retórico. No explica, seduce; no argumenta, sugiere. La autoayuda aquí adopta el tono de la ciencia para no someterse a su rigor. El resultado es una metafísica de aeropuerto.
U otro, Coelho, que reduce la experiencia espiritual a fábula motivacional. Todo conflicto queda resuelto por “escuchar al corazón”, fórmula que evita el pensamiento, la ética y la tragedia. Su éxito no proviene de la profundidad, sino de la eliminación sistemática de cualquier dificultad intelectual. Espiritualidad sin teología, destino sin culpa, sentido sin historia.
O, por citar a un español de biografía amarga, Albert Espinosa, un optimismo sentimental elevado a programa vital. El dolor se estetiza, se vuelve entrañable, amable, digerible. El sufrimiento pierde su dimensión trágica y se transforma en anécdota inspiradora.
