Aquí todo el mundo habla, y nadie escucha; cada cual trae su discurso preparado y lo arroja sobre la mesa como quien descarga un fardo. No se discurre para saber, sino para lucirse; no se conversa para entender, sino para vencer. Y así se llena la ciudad de voces que resuenan mucho y significan poco. Lo anterior es de Larra. Y lo que sigue de Gracián: Hay hombres que viven de decir, no de pensar; derraman voces como quien esparce arena. Mucho ruido hacen en la plaza, y poco fruto dejan en la memoria. El discreto habla poco y pesa cada palabra; el necio, en cambio, convierte la conversación en feria.
Está claro: el ingenio se degrada cuando la conversación se transforma en competencia por la última palabra. Tertulianos. Trompetas del aire: suenan mucho y están vacías.
