El corrector —si es diligente— devuelve al libro la claridad que el entusiasmo había oscurecido. Un error tipográfico es una pequeña mentira repetida miles de veces. El libro tiende al caos si nadie lo vigila.
«Nada hay más ingrato que el ojo del corrector: ve lo que nadie quiere ver. Mientras el autor sueña con personajes, otro hombre —anónimo y paciente— retira las piedras del camino para que la lectura parezca natural», Galdós.
Publicado por christiansanz71
No me verán fogueándome en el padelsurf, el kayak o el surf. Ni relajándome una seráfica mañana en un spa o apuntándome a una clase de yoga o de fitnes al aire libre. Ni alechugado bajo el sol espeluznante. "Vita Cartesii simplicissima est”, recordaba Valéry en "Monsieur Teste". La mía es abrumadoramente más simple. Un libro entre las manos, paseos con la perra, oír pájaros, salmorejo, crema fría de espárragos blancos y mermelada de moras. Feliz verano. Libertad, lógica y literatura.
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