(Esteso)
Ese cine y ese humor eran acordes a muchos deseos. Una verdad de cuatro polvos por noche. De lumis y rallitas. A veces pienso -probablemente de modo equivocado- que Esteso y Pajares custodiaron la represión y humillación social española.
Lo popular, directo, pensado para un público que quería reír y olvidar la solemnidad política. A mi juicio, ahí empezó un mercado ansioso de estímulos rápidos, la modernidad del usar y tirar. Donde Bergman interroga el rostro, Ozores persigue la risa fácil: dos modos de combatir el aterrador silencio.
Esteso tenía una torpeza inocente y una energía casi callejera que convertían cada escena en un pequeño caos organizado. Su comicidad no nace de la distancia, sino de la cercanía con lo cotidiano. Conecta con una tradición española que va del sainete al esperpento.
Decir lo que socialmente debe callarse representa un gran mérito. D.E.P
