Edmund Wilson, si no yerro, vio la literatura como el registro más sensible de la vida interior de una época. Las grandes obras revelan las tensiones, heridas y conflictos que una sociedad no sabe formular directamente. El Sr. Gracia no percibe nada de ello, y ve la novela como una suerte de «decreto omnibus» o batiburrillo sin ton ni son.
Lionel Trilling arguye que la diferencia entre Dreiser y James «es la sempiterna creencia americana de que existe una oposición entre la realidad y la mente, y de que se debe tomar partido por la realidad». El señor crítico afirma que Uclés toma partido por una realidad kitsch.
Permítanme una muy molesta erudición. Leemos en «De lectoris iudicio», del Pseudo-Seneca: «In litteris assensio mentis idem non est ac consensus animi. Saepe enim delectamur non quia vera probamus, sed quia vim aut gratiam ingenii sentimus. Potest oratio animum mulcere, etiam si sententia displiceat; movet nos vigor dicentis, non semper rectitudo dictorum. Ita fit ut lector laetetur constantia atque ardore mentis alienae, quamquam nec consilia eius nec exitus probet. Aliud est intellegere, aliud approbare; aliud admiratione capi, aliud fide teneri», es decir, «En literatura, el asentimiento intelectual no es lo mismo que estar de acuerdo. La literatura puede producirnos placer sin necesidad de que estemos de acuerdo con su contenido, debido a que reaccionamos favorablemente ante la fuerza o la gracia de una mente, sin reconocer la bondad de sus intenciones o conclusiones. Podemos sentir placer ante la fuerza de convicción de una mente, sin necesidad de juzgar la corrección o adaptabilidad de lo que dice».
El señor crítico reaccionó hostilmente ante lo que se infiere -y disculpen- la hipotética poquedad de la mente del Sr. Uclés ¿Acertó?
No sé. No leí a Uclés.
