«Habla poco y bien; lo mucho y mal es propio de necios», Gracián. Advierto estupefacto la degradación del lenguaje en los medios de comunicación con el uso extendido de palabrotas, tacos y palabras malsonantes. Gentes esclavas de la grosería.
El lenguaje vulgar constante empobrece la sensibilidad estética. No condeno la crudeza ocasional, pero critico el hábito de usarla como muleta emocional. Si todo discurso adopta el tono tabernario o del estadio, la conversación civilizada se vuelve imposible.
El estilo verbal modela la vida interior. Montaigne: “Aborrezco el hablar injurioso y el vocablo hinchado que pretende vencer por estrépito lo que no alcanza por razón. Las palabras ásperas son refugio de espíritus impacientes; el juicio sereno no necesita gritar ni herir con la lengua. Quien se acostumbra a hablar con rudeza acaba pensando con rudeza”.
Y el maestro Quevedo: “Hay hombres cuya valentía está toda en la boca: cuanto más sucias las palabras, más pobre el ingenio. El discreto hiere con agudeza y no con basura; que el vocablo vil no levanta la razón, antes la envilece”.
