Andrónico I Comneno llegó al poder presentándose como enemigo de las élites corruptas y defensor del pueblo frente a la aristocracia. Utilizó una retórica directa, personalista y muy emocional. Su gobierno osciló entre reformas populares y confrontaciones intensas con instituciones establecidas. Sin embargo, Andrónico terminó en violencia extrema y abierta represión.
Recordemos a Shakespeare, «Coriolano», acto III, escena I:
“He combatido por Roma más de lo que Roma ha respirado por mí. Y ahora quieren que mida mis palabras como mercader en plaza. No; mi lengua es espada, y quien la tema que no la provoque. Si decir la verdad es orgullo, entonces que me llamen orgulloso».
O bien, acto I, escena I:
“¿Qué es la ciudad sino el pueblo? —dicen. Yo digo: ¿qué es el pueblo sino un rebaño mudable? Hoy alzan al que ayer odiaban; mañana derriban al que hoy aclaman. Sus voces no pesan más que el viento que las lleva. Quieren trigo sin sudor, honor sin mérito y mando sin disciplina. Si yo debo inclinarme ante tales gargantas hambrientas, prefiero el hierro de la guerra a su aplauso”.
Mutatis mutantis, todo esto me recuerda a Trump.
