DECÁLOGO DEL POLÍTICO CIENTÍFICAMENTE HONESTO
1. La ideología no sustituye a la evidencia.
Un programa puede inspirar; sólo los datos pueden corregirlo.
2. Gobernar es formular hipótesis públicas.
Cada política es un experimento social que debe poder evaluarse y revisarse.
3. Desconfía de las soluciones únicas para problemas complejos.
Los sistemas humanos no responden como máquinas simples.
4. La anécdota conmueve; la estadística orienta.
El caso particular abre el debate, pero no puede cerrar la decisión.
5. Toda medida debe prever sus efectos secundarios.
En política, las consecuencias no intencionadas son la regla, no la excepción.
6. Cambiar de opinión ante nueva evidencia no es debilidad; es responsabilidad epistemológica.
7. No prometas certezas donde sólo hay probabilidades.
La honestidad científica comienza reconociendo la incertidumbre.
8. La complejidad no excusa la opacidad.
Explicar con claridad es parte del deber democrático.
9. Ninguna narrativa política debe contradecir lo que sabemos de economía, psicología social o biología humana sin ofrecer pruebas extraordinarias.
10. La autoridad moral no nace del cargo, sino de la disposición a someterse a la crítica y al error.
