Cabaleiro 33

Hugo de Fouilloy, en «De avibus» (siglo XII), escribe: «Tempus est flagellum hominis», es decir, «El tiempo es el flagelo del hombre».

NOTA BENE: Véase: Hugh of Fouilloy, «De avibus», ed. and trans. Willene B. Clark, Tempe (AZ): Arizona Center for Medieval and Renaissance Studies, 1992 (Medieval & Renaissance Texts & Studies, 80)

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Nicéforo Gregoras (Νικηφόρος Γρηγορᾶς, s. XIV), escribió:

«Οἱ χρόνοι τὰ ἤθη αἰσχύνουσιν· οἱ σοφοὶ οὐκ ἀναγινώσκουσι, οἱ γραφεῖς οὐκ ἐπίστανται γράφειν, οἱ βασιλεῖς οὐκ ἄρχουσιν, οἱ ᾠδοὶ οὐκ ᾄδουσιν· ἔνι δὲ μόνον εἰς βιβλίον καταφυγεῖν καὶ μίαν ἡμέραν εὐδαίμονα διατελέσαι.»

,es decir,

«Los tiempos afean las costumbres: los doctos no leen, los escribientes no saben escribir, los reyes no gobiernan, los cantores no cantan; sólo queda refugiarse en un libro y pasar al menos un día feliz».

Gregoras, arquetipo del intelectual tardobizantino, percibía con aguda conciencia la decadencia de su tiempo, esa mentalidad del siglo XIV bizantino, obsesionada con la pérdida de la paideia. Profundamente consciente del declive cultural y político del Imperio, fue historiador, erudito y polemista, y cultivó también notas personales, cartas y reflexiones morales en cuadernos manuscritos.

Referencia bibliográfica exacta: Gregoras, «Historia Romana», ed. Schopen, vol. II, Bonn 1830, p. 742.

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Adquirí, hace tiempo, un libro de André-Robert Andréa de Nerciat (1739-1800) en la Librairie Alain Brieux, sita en la Rue Jacob, Saint-Germain-des-Prés. Nerciat fue un oficial del ejército, escritor clandestino, diplomático y un hombre profundamente libertino.

Ayer, hojeaba su novela «Félicia ou Mes Fredaines», y, movido por el seguro azar, encontré este magnífico, caldoso pasaje, este hallazgo expresivo no poco lírico: ««Ta petite crotte est un citron brun, ton con un toison d’argent, et te pénétrer est comme la fièvre du feu qui rôtit les châtaignes», «»Tu caquita es un limón moreno, tu coño un toisón de plata, y penetrarte es sentir la calentura del fuego asando castañas».

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Después, siguiendo el hilo de mi afición a escritores galantes, consulté en mi biblioteca a otro «libertin», Claude-Prosper Jolyot de Crébillon (dit Crébillon fils, 1707-1777) Si Nerciat representa el libertino carnal, Crébillon encarna el libertino reflexivo, casi moralista. Autor de exquisito dominio de la finura moral, la ironía aristocrática y la psicología libertina; menos inclinado a lo escabroso, terreno donde otros brillan con mayor bullanguería que él.

Prefiero citar un pasaje elevado a uno licencioso. La prosa encanta: fíjense bien: «On ne naît point libertin ; on le devient par l’exemple, par l’ennui, et surtout par cette vanité secrète qui nous persuade que l’on n’est aimable qu’à mesure qu’on est dangereux. Les femmes veulent plaire, les hommes veulent triompher ; et de ces deux prétentions naît un commerce où chacun perd ce qu’il croit gagner», «No se nace libertino; se llega a serlo por el ejemplo, por el tedio y sobre todo por esa vanidad secreta que nos persuade de que solo somos amables en la medida en que somos peligrosos. Las mujeres quieren agradar, los hombres triunfar; y de esas dos pretensiones nace un comercio en el que cada cual pierde lo que cree ganar». Observemos el fluir sin esfuerzo de las palabras, el tono moralista elegante, un tono más cercano a La Rochefoucauld que al erotismo seco -de pelo de toro- y brutal de Sade.

NOTA BENE: La cita de Crébillon la extraje de su novela «Les Égarements du cœur et de l’esprit» (1736-1738)

El gran clásico, canónico estudio, sobre los libertinos franceses es de René Pintard: «Le libertinage érudit dans la première moitié du XVIIe siècle» (1943)

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