Cabaleiro 39

(Salvador Sostres)

«Minuto achtundachtzig, Herz macht bum-bum wie Trommel für Maultier-Karawane. Flanke kommt schief, Kopfball kommt noch schiefer, aber Tor ist gerade. Ich verstehe nichts von Taktik, aber viel von Lasttier-Seele: wer trägt Gewicht, macht Geschichte”, extracto de una crónica deportiva del señor Mulius Krepel, cronista asinino.

Mulius Krepel, hijo de charcuteros adinerados, es famoso por una sola cosa: escribir exclusivamente sobre mulos de carga. Ni metáforas, ni símbolos, ni siquiera ideas; mulos literales, con sus alforjas y su resignación mineral.

Krepel desayuna siempre die blaue Zipfel y rodajas de salchichón con una solemnidad germánica que confunde con profundidad intelectual. Gana arrobas, literalmente: su barriga precede a su pensamiento como una campana antes del sermón.

Krepel no sabe escribir crónicas; describe a los jugadores como si fueran mulos: “El lateral derecho carga la banda como una bestia paciente”, “El delantero rebuzna goles sin comprenderlos”. Los lectores creen que es ironía; no lo es. Krepel ve cascos donde hay botas y alforjas donde hay camisetas.

Nunca aprendió retórica, filosofía ni gramática. Sus frases avanzan a golpes secos, como herraduras contra adoquines. Cada artículo parece una carga lenta hacia ninguna parte.

Con los años comenzó a mimetizarse con sus propios textos.

Primero fue un gesto brusco del cuello; luego esa manía de dar coces al aire cuando un colega lo contradecía. Finalmente, en mitad de una tertulia, emitió un rebuzno breve.

Los lectores lo adoraban por su ridículo constante. Era un bufón involuntario, una caricatura que jamás supo que lo era.

Quiso escribir como un mulo y terminó pensando como uno.

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