Aprendemos tarde a vivir, cuando el cuerpo empieza a enseñarnos sus límites; pero incluso entonces queda algo despierto que aún puede amar lo que perdura. Y, aunque todo parezca vano, el corazón insiste en una sola palabra: todavía.
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(Zapatero)
Tiene el arte de convertir la ligereza en encantamiento para bobos y la mentira en descuido y rapacería. No parece culpable de nada, porque nunca pone en sus actos bastante seriedad para que puedan tomarse como delitos, delitos que comete y abundan; y así lo vemos ir por la vida dejando tras sí una estela nada pequeña de ruinas morales, sin que nadie supiera decir en qué instante preciso empezó el daño.
De dulzura estudiada, por dentro analiza las posibilidades de rapiña como quien desarma un reloj para ver dónde está el muelle débil. Su bondad aparente es método; su caridad política, estrategia egoísta; su silencio, cuando lo hay, intención aviesa.
Farsante y bribón disfrazado de socialista. Engañador de oficio. Torcido muñeco de feria. Frío, pese a la calidez impostada. El que sermonea virtud y carece de un gramo de principios.
