(Para Ángeles Pérez)
El trabajo es el opio de las masas. La ociosidad no es haraganería; es libertad frente al esfuerzo inútil. «The greatest luxury is time”,
«El mayor lujo es el tiempo», me gustaría que fuera la divisa del mundo. Tal vez nos olvidamos de vivir. Nos enseñan a ser útiles antes que a estar vivos (queridos, reduzcan la velocidad y quizá vuelvan a notar la fosforescencia intensa de la vida)
No estamos diseñados para vivir como empleados permanentes a la busca de mejores coches y gadgets y estatus. La pereza puede ser un acto de resistencia contra una sociedad obsesionada con el rendimiento; la vagancia y el aburrimiento son una obertura para el arte. Seamos dandis anacrónicos, rentistas budistas.
La gente cree que quien descansa pierde el tiempo, cuando en realidad lo recupera. Un hombre que se permite tenderse al sol, cerrar los ojos y dejar que los pensamientos pasen sin apremio, aprende más del mundo que quien corre sin pausa de una obligación a otra; porque el espíritu necesita intervalos como la música necesita silencios.
Henry David Thoreau, «Walking» (1862): «Creo que no puedo preservar mi salud y mi espíritu si no paso al menos cuatro horas al día vagando por los bosques y los campos, libre de toda obligación mundana. Caminar no es un simple ejercicio físico: es una especie de peregrinación interior. Cada paso disuelve una preocupación y devuelve al pensamiento su ligereza natural».
Si no trabajas, puedes escribir. Yo escribo cada noche no para dejar memoria al mundo, sino para entender mi propio día. En el acto de narrarlo descubro lo que realmente he sentido.
Ah, una buena cerveza tomada lentamente y con moderación, entre amigos y sin prisa; alegra el ánimo más que muchas medicinas. No es la cerveza lo que enferma al hombre, sino la intemperancia y la soledad.
Séneca, «Cartas a Lucilio»: «No rehúyo los pequeños placeres si vienen sin esclavitud. Sentarse, conversar, compartir una copa sencilla: tales cosas son descanso del ánimo cuando no se convierten en necesidad».
