Cabaleiro 46

Giorgia Meloni y el ascenso de Fratelli d’Italia; Francia y el auge de Marine Le Pen y el debilitamiento socialista francés; y Alemania con el crecimiento de Alternativa para Alemania (AfD); y los Estados Unidos con el fenómeno Donald Trump; y los Países Bajos y Escandinavia, con el aumento de la derecha identitaria y el retroceso socialdemócrata. Ahora, el auge de VOX en España.

Se observa un cambio de eje político; el voto de izquierda ya no es patrimonio de las clase trabajadora, ni el de la derecha de las clases acomodadas. La derecha populista capta voto obrero y periférico, y la izquierda queda más asociada a sectores urbanos y educativos. Los discursos identitarios funcionan mejor que los tecnocráticos. La izquierda institucional a veces aparece como gestión sin épica. La inseguridad cultural y, en España, la pasmosa corrupción y las alianzas «Frankestein», provocan que parte del electorado busque discursos más firmes o simples. Si en Italia hay tradición posfascista, o en Alemania pesa la cuestión migratoria y la reunificación, en España -repitámoslo- el factor territorial y la reacción a debates culturales tienen un peso particular. Conviene hablar de una familia de fenómenos, no de copias exactas.

***

Me recuerda todo esto algunos referentes históricos, mutatis mutandis, por ejemplo la época de los emperadores Tiberio, Sempronio, o la crisis republicana de los Graco, o bien la Atenas de Cleón.

Acaso esclarezca e ilumine este tren de citas:

Tucídides, «Historia de la guerra del Peloponeso», III (episodio de Corcira): «Las palabras cambiaron incluso su significado habitual para adaptarse a los hechos. La audacia irreflexiva fue considerada valor leal; la prudencia reflexiva, cobardía disfrazada; la moderación pasó a ser una máscara de debilidad. El que gritaba más fuerte parecía más digno de confianza que quien razonaba con calma; y el ciudadano prudente era sospechoso, mientras que el violento encontraba siempre seguidores.»

Salustio y la corrupción del equilibrio republicano: «Después que la riqueza empezó a ser tenida por honor y el ocio por vergüenza, la ambición y la avaricia invadieron el ánimo de los ciudadanos. La antigua moderación fue despreciada, y el pueblo, fatigado de la disciplina, comenzó a buscar líderes que prometían cambios rápidos más que leyes duraderas».

Tácito, «Historias»: «No fue el odio lo que perdió a la república, sino el hastío. Los ciudadanos dejaron de creer en las instituciones y comenzaron a buscar espectáculo en la política; entonces los más audaces ocuparon el lugar de los más prudentes».

Cicerón, «De re publica»: «Cuando el pueblo, fatigado por disputas interminables, entrega su juicio a quienes prometen soluciones simples, la libertad cambia de rostro sin que los ciudadanos adviertan el momento exacto de la transformación».

Deja un comentario