En «Miau» y en varios «Episodios nacionales», Galdós retrata burócratas y políticos que convierten el cargo en supervivencia personal (la política como teatro social donde la ambición privada se disfraza de patriotismo) Si no recuerdo mal -cito de memoria- en determinado momento escribe: “¡Qué país, donde el que manda no gobierna y el que gobierna no manda!”.
Ah, esa añagaza de la impostada virtud de muchos políticos que les sirve de turbia máscara. Hablan mucho y hacen poco …o roban. Un origen antiguo; ya Feijoo en sus «Cartas eruditas y curiosas» escribe: «No hay cosa que más fácilmente engañe al vulgo que el aparato de autoridad. Muchos, sin más mérito que el ruido de su voz o la gravedad del ademán, se constituyen en árbitros de la república, y gobiernan más por la opinión que por la razón. El pueblo juzga por lo exterior; mas el sabio atiende a la sustancia y conoce que debajo del manto grave suele esconderse el interés particular».
Hombres públicos de palabra hueca. Predican una honestidad que nadie cree. Recordemos a Quevedo: «Gobiernan los necios con títulos graves, y llaman razón a su provecho; visten la codicia con capa de servicio y hacen del cargo público mercadería».
Demasiadas veces en España (un país lleno de retrocesos) nos gobernó la farsa y el esperpento. Políticos hinchados de palabras, pero vacíos de soluciones. Eco de palabras sin peso de actos. La patria como un eslogan y el gobierno como ademanes retóricos. El político aprende a sobrevivir en una taimada ambigüedad. Acude a mi mente Valle-Inclán: «Los próceres cruzan la escena inflados de dignidad, pero son muñecos de feria movidos por hilos invisibles. Hablan con solemnidad hueca, prometen mundos imposibles y dejan tras sí un rastro de papeles inútiles y gestos teatrales. España entera parece un espejo cóncavo donde la política se vuelve caricatura.»
En las elecciones aragonesas, a mi juicio, se castigó al PSOE por la tremenda corrupción y las alianzas estratégicas con partidos independentistas y radicales. No me parece mala decisión. Mucho es el clamor. Existe, qué duda cabe, una España digna de ser defendida. Si hay deformación, puede haber recuperación. Ojalá esa no sea una mitología o un sueño vacío.
