(A Irene Vallejo)
Mientras Céfalo ordenaba traer más vino y el rumor del puerto se colaba por las puertas abiertas…Aquella conversación antigua nos enseñó algo que siglos después formularía Cicerón.
Cicerón, «De Oratore», I, 28: «Est enim eloquentia nihil aliud nisi copiose loquens sapientia; quae si ad usum civilem accommodetur, tum vero ea quae dicitur elegantia apparet, cum verba non solum apta rebus sed etiam sonora atque numerosa sunt», «La elocuencia no es otra cosa que sabiduría expresada con abundancia; y cuando se ajusta al uso civil, aparece eso que llamamos elegancia: palabras no solo adecuadas a las cosas, sino también sonoras y medidas».
Aquí «elegantia» no es ornamento vacío: es ajuste entre res, verba y numerus.
Erasmo de Rotterdam, «De ratione studii»: «Humanitas non in verbis tantum sed in moribus consistit; litterae sunt quasi seminarium animi», «La humanitas no consiste solo en palabras, sino en las costumbres; las letras son como el semillero del alma».
Si todavía leemos a Sócrates es porque aún creemos que la conversación puede salvar algo.
Sra. Vallejo, la verdadera gracia nace de una facilidad que parece natural; surge de larga práctica de las letras y de esa humanitas que hace civil al hombre. Usted respira elegancia y humanidad. Un honor leerla. De veras.
