David Hume ya observaba que el gusto surge de la impresión inmediata, no del silogismo. Pero —y aquí está la clave— Hume no concluye que todo valga igual. Mi tesis (el gusto tiene una dimensión arbitraria y otra objetiva) coincide con una larga tradición; el gusto no es pura razón, pero tampoco simple capricho.
Existen criterios relativamente estables (complejidad formal, coherencia interna, riqueza simbólica, tradición histórica de recepción, patrones de simetría, expectativas cognitivas etc.) Esto permite que ciertas obras sobrevivan siglos mientras otras se olvidan. No es una objetividad matemática, sino intersubjetiva: se forma por la convergencia prolongada de juicios. Kant lo formula con precisión: el juicio estético es subjetivo, pero pretende validez universal.
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David Hume: “Aunque la belleza no sea una cualidad inherente a las cosas, ciertos jueces, por delicadeza de imaginación y larga experiencia, adquieren una sensibilidad más fiable que la del vulgo”.
Kant: “El juicio de gusto no es cognoscitivo, sino estético; sin embargo, exige el asentimiento de todos como si fuese objetivo”.
Gracián: “El gusto es fruto del ingenio y del uso; se forma con trato y experiencia”.
