Un crítico debe identificar motivos, retóricas y estructuras que sobreviven a los siglos. Y defender la excelencia del canon, y estar convencido que la literatura forma el alma (la crítica pertenece al ámbito de la educación clásica)
Debe investigar cómo la lengua crea significado emocional y cultural, analizar la experiencia estética junto a la reflexión histórica, sentir el ritmo y la voz del texto, traspasar muros de enorme grosor, despejar espesísimas nieblas, no ignorar las leyes de la conciencia ni de las costumbres, motivar persuasivamente sus aversiones y sus aquiescencias.
Un crítico debe sentir el lenguaje como un órgano sensible y orgánico, combinar sentido y pasión, mediar entre diferentes tradiciones literarias, detetar isomorfismos y corrientes subconscientes, saber muchas cosas más que las meramente literarias, dominar el escepticismo a la par que la documentación, detectar cuando se supera lo únicamente ordinario, poseer ojo clínico u olfato para la grandeza espiritual.
A veces deberá juzgar con principios universales; otras, con arbitrarios criterios particulares. Debe ser un rastreador, un creador, un técnico. Un fenomenólogo. Un hermeneuta. Un positivista. Argüir normas, explicar, y evaluar con perspicacia.
La crítica literaria no es solo un tribunal ni un espejo narcisista; es una conversación larga con los muertos para comprender mejor a los vivos.
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DODECÁLOGO
(i) La crítica nace de la lectura lenta.
(ii) La crítica no es opinión: es mediación.
(iii) Toda crítica es histórica.
(iv) La crítica es también autobiografía intelectual.
(v) El lenguaje es el verdadero campo de batalla.
(vi) La crítica debe buscar intensidad, no neutralidad.
(vii) Sin tradición no hay juicio.
(viii) La crítica es hospitalidad.
(ix) La erudición sin forma es ruido.
(x) La crítica no sustituye a la obra.
(xi) El crítico vive entre dos tiempos.
(xii) La crítica es una forma de resistencia.
