Cabaleiro 75

Tocqueville describe cómo, cuando el ciudadano democrático se cansa de la incertidumbre, acepta —casi con alivio— que una instancia superior gestione su vida; es un despotismo suave, paternal, que no aplasta como el terror, sino que infantiliza.

Weber permite entender el “cesarismo” moderno sin legiones: el mando se vuelve una relación afectiva—de fe, de crédito—más que una mera obediencia a reglas impersonales.

Burckhardt teme al líder que se alimenta de masas cansadas de complejidad; el mundo es difícil, luego aparece quien lo reduce a dos o tres palancas emocionales (miedo, bulo, agravio) y gobierna mediante esa simplificación.

A mi juicio, el Sr. Sánchez lidera con sutiles rasgos bonapartistas. Personaliza mucho su liderazgo. Confronta («fachosfera») Y alimenta una suerte de aura de político «indispensable».

NOTA BENE: Debiera repensar con más inteligencia estas palabras, pero ésa es mi impresión de observador diletante.

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