Cabaleiro 76

Quien pretende cambiar el mundo debe primero comprenderlo. Muchos izquierdistas desean transformar la sociedad movidos por ideales «souflé», pero sin atender a la complejidad de las sociedades modernas, las limitaciones institucionales o las consecuencias imprevistas del poder. El análisis debe preceder a la acción. Cambiar sin comprender produce fanatismo o ingenuidad. Abundan en la zurda políticos cursis y proféticos sin base racional o empírica. Las buenas intenciones deben pasar por el filtro de los hechos. El mundo no se ajusta a esquemas simples (ni de los populistas de izquierda ni de los de la derecha)

Comprender significa aceptar la ambigüedad: las democracias son imperfectas, los adversarios no son demonios absolutos y las decisiones públicas siempre implican costes. La lucidez enfría, pero evita tragedias.

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