(Wittgenstein)
El mundo nunca coincidió con sus exageradas exigencias interiores. La precisión obsesiva del detalle —una frase, un gesto, una sensación mínima— revela una sensibilidad neurótica que teme perder la perfección de una vida ideal. No toleró la realidad. Intrusivo. Intenso. Trataba la lógica con ansiedad y la soledad con lógica. Se cansaba de pensar; descansaba con películas del oeste y novelas pulp.
Combatió tantos monstruos que terminó pareciéndose a uno de ellos. Calmaba su vida interior con la música: oía determinados pasajes una y otra vez como quien pule un diamante. Vivía atravesado por impulsos autodestructivos. Todo le sucedió dentro. Cada símbolo le parecía culpable: pensaba «a la vez» en las matemáticas y en sus pecados. Relojero minucioso, entrometiéndose en las supuestas imperfecciones de sus amigos. La conciencia le mordía.
