Cabaleiro 80

Un hombre sin cerveza es como un soldado sin guerra. Con ella el teatro -fustigador- de la noche se vuelve música. Alegra la mirada y limpia y sana la vida.

Una leve condensación en el vidrio de la copa. Espuma blanca, tenue, efímera. Nada de lirismos: un trago largo, seco. Ámbar a favor de los melancólicos del mundo. Corona licuada de nácar, fantasmas en la garganta. Cristal del domo. Helecho rubio, estandartes púrpuras, oro de casa vieja, luz oblicua y rosas amarillas.

Apuro otro vaso en la tertulia de Orense, mientras la noche se espesa con sordina de crujiente madera húmeda.

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