Toda ideología tiende a convertirse en novela (frecuentemente de ciencia-ficción o de terror, a veces un vodevil) cuando deja de describir lo que ocurre y empieza a narrar lo que debería ocurrir. Porque cuando una idea promete redimir al hombre entero, empieza a parecerse más a un mito que a una constitución; porque el revolucionario cree describir la historia y el satírico sospecha -con toda verosimilitud- que sólo está escribiendo alegorías mesiánicas; porque es fácil prometer el futuro cuando el mundo aún no lo esribió; porque en el papel puede nacer fácilmente lo perfecto, no así en la historia.
Yo sospecho mucho de los proyectos ideológicos que quieren diseñar la sociedad desde cero. La política no es ingeniería; es conversación heredada. Además la búsqueda de una sola respuesta verdadera conduce al abismo.
Cuanto más ignoran los hechos, más seducen las ideologías. Prometer el paraíso abre la puerta habitualmente al abuso, y no pocas veces al infierno. Prudentia, por favor, y no fabula futurae civitatis.
