VOX es un partido asilvestrado y montuno. Les interesa el disenso continuo, el dividir a los portadores de ideas en amigos y enemigos. Para Locke el acuerdo no surge del miedo, sino del consentimiento racional y de la defensa de derechos previos (“Siendo los hombres por naturaleza libres, iguales e independientes, nadie puede ser sometido al poder político de otro sin su propio consentimiento. El único modo por el cual alguien renuncia a su libertad natural es acordando con otros formar una comunidad.”)
Una sociedad bien ordenada no se basa en la unanimidad doctrinal, sino en un consenso superpuesto: ciudadanos que, desde concepciones distintas del bien, coinciden en principios políticos fundamentales. VOX no aboga por el diálogo estructurado. Hermosas y civilizadas las palabras de I. Berlin: El mundo que encontramos está lleno de fines incompatibles y valores inconmensurables; la política consiste en elegir entre ellos sin esperar armonía final.
Regular pacíficamente los conflictos mediante consensos no es el fin de VOX. A veces uno tiene la sensación que solo quieren imponer sus sueños y quimeras. Siguen la teoría de Schmitt del antagonismo inevitable. VOX o el asomarse el pelo de la dehesa.
