(Rufián)
Exhibicionismo, chulería, narcisismo, ingenio callejero, pobreza interior, falta abrumadora de lecturas, afirmaciones enfáticas no sostenidas por argumentos persuasivos, sino expresadas en píldoras emotivas, en obiter dicta sin justificar. Un hablar sin pensar, de modo traqueteante, creando un manto de ruido y de nulo pensamiento.
La cháchara descoyuntada suele ser un síntoma de vacío; las mentes ligeras hablan mucho de lo que no han estudiado; las profundas callan incluso sobre lo que saben. Borges veía al opinador improvisado como una figura casi literaria: alguien que confunde entusiasmo con conocimiento. Cito de memoria: “La ignorancia suele ser ruidosa; la erudición verdadera, discreta.”.
Rufián pontifica sin pruebas y discute sin método. Sustituye libros por tuits. Típico de nuestra época: el ignorante moderno que no calla: escribe y polemiza en X
Aristóteles veía la política como phronesis, prudencia práctica basada en la experiencia acumulada de la polis. De ahí que se necesiten conocimientos históricos. Martha Nussbaum ha defendido (con buenas razones) que la novela amplía la empatía; de ahí que el político de categoría deba ser un buen aficionado a las letras (la política trata con vidas, no con abstracciones) George Orwell advirtió que la corrupción del lenguaje precede a la corrupción del pensamiento. De aquí se infiere otro requisito cultural: saber escribir y hablar con precisión; sospechar de las palabras infladas. Max Weber distingue entre ética de la convicción y ética de la responsabilidad. El gran servidor público debe haber pensado seriamente sobre la justicia, la responsabilidad y sus consecuencias. Y también son condiciones necesarias una alfabetización científica mínima y el respeto por la evidencia y sensibilidad estética (comprender que el poder también comunica belleza y fealdad moral) Y, last but not least, capacidad de duda y escucha.
A mi juicio, Rufián ni habla con precisión, ni distingue cultura de propaganda, ni es prudente; el típico político tertuliano frente al político reflexivo y lector.
