Cabaleiro 94

Los humanistas italianos leen a Cicerón como modelo moral, los románticos reinterpretan a Grecia como ideal estético, los modernos usan lo clásico como ironía o distancia; ahora, el simiiforme de Bad Bunny reina y triunfa y es un referente político, ese campo tradicional para desarrollar la deliberación y el razonamiento. Bad Bunny, un pseudoartista con significativas limitaciones vocales, con pseudomúsica sin complejidad armónica, sin variación melódica y con letras de mediocridad y simpleza embarazosa.

Horacio: “He levantado un monumento más duradero que el bronce… No moriré del todo, y gran parte de mí evitará a Libitina”, Odas, III, 30. Petrarca: «Hablo con los antiguos como con amigos presentes”. La tradición no es un museo, sino un impulso; el hombre no solo hereda cultura, la rehace cada vez que lee, traduce o interpreta. Somos huéspedes de significados anteriores a nosotros. La cultura vive de la relectura. La amnesia histórica empobrece la imaginación.

Bad Bunny (que funciona como espejo emocional, no como obra elaborada y exigente) es mera bagatela, nadería, futilidad, «nugae». Solo viento y humo que devorará el tiempo. Estéticamente nulo, artísticamente paupérrimo, intelectualmente ínfimo, pero comercial o industrialmente muy exitoso. Esto habla muy mal de nosotros, pero refleja bien una época que sustituye el argumento por el espectáculo, la finezza por el trazo grueso, la gravitas por las payasadas, lo denso por lo breve, lo visible desplaza a lo reflexivo, en fin, que sustituye a Bach por el reguetón.

La decadencia avanza, incontenible.

Deja un comentario