Cabaleiro 98

Un pequeño tren de citas. Plutarco: «El adulador imita al amigo como el lobo al perro: se acerca moviendo la cola, pero busca su propio provecho», y Tácito: «Bajo los malos príncipes florecen los delatores y los aduladores» y Séneca: «Nada corrompe más el ánimo que el aplauso fácil; quien sólo oye elogios deja de conocerse».

En el cogollito, búnker o pandilla de cercanos sanchistas sobran salivas deslenguados y pelotas y cucañistas. Una peste lisonjera. Una caterva de elogiadores hipócritas y mentirosos. Halagadores espíritus serviles sin principios. Hay quien dice sí a todo para no tener que decirse la verdad a sí mismo, a saber, que se es un pobre mediocre miserable y chupapelotas.

Concluyo con otro tren de citas quevediano. «Hay hombres cuya lengua no sirve para hablar verdad, sino para pulir mentiras con halagos». «Al poderoso le nacen orejas de mentira cuando le rodean los que viven de decirle que acierta». «El lisonjero es eco sin voz: repite lo que oye para comer de ello».

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