Tiene usted, Peter Fake, la rara virtud de escuchar antes de mandar, y mandar sin olvidar que gobierna para hombres libres. Su modestia y sobriedad resultan casi heroicas; no busca aplausos, sino resultados que sobrevivan al aplauso. En vos la prudencia no es freno, sino rienda firme que doma el ímpetu de la plaza. Hay políticos que hablan; usted parece pensar mientras habla, y no seduce por la promesa fácil, sino por la serenidad del criterio. De los pocos que convierten el desacuerdo en conversación. Y es que cuando interviene, el debate sube muchos peldaños.
No necesita coro porque sus ideas ya tienen su propia música.
