(Moncho Conde Corbal)
De Moncho puedo decir, como dice Homero de Aquiles en la «Ilíada»: «Era el más hermoso de los aqueos». La belleza es una hermosa recomendación, pero él siempre la combinó con el amor a la cultura y a los libros. Vitalista. Imaginativo. Con enorme don de gentes. Simpático y creador, además de libros de timbre periodístico, documentados y ágiles, creador y agrupador de círculos literarios y artísticos. Tiene un imán fundacional y energía a raudales. El hombre-puente, el agitador ilustrado, quien no escribe necesariamente la obra, pero crea el clima para que existan.
De él puedo decir los versos que dedica Horacio a Cayo Mecenas: «O et praesidium et dulce decus meum», «¡Oh tú, mi amparo y mi dulce honor!». Las artes florecen donde hay libertad y protección. Sin los Médici, Florencia no habría sido el laboratorio del Renacimiento. Sin Madame Geoffrin, Sylvia Beach, Carlos Barral etc. no se hubieran editado libros esenciales, no se iniciarían debates y tertulias, no se difundirían ideas.
La cultura necesita mediadores. Mil gracias Moncho. Sostener una conversación seria en tiempos de miseria es ya una forma de resistencia y casi un milagro.
