Cabaleiro 108

Los libros de estética o crítica de arte, en líneas generales, están escritos de un modo muy poco estético y artístico. No pocos abusan del aire de iniciación gnóstica, de la jerga hermética, académica y burocrática. Sus rasgos son conocidos: exuberante verbosidad, hipotaxis enmarañada, oscuro efectismo metafórico, en definitiva, prosa densa, especulativa y a veces árida (quien habla de belleza escribiendo sin belleza)

La crítica arquitectónica y pictórica de Ruskin es literaria; Pater es ya un bello grimorio gemiforme; Paz, al hablar de arte, es un maestro de la prosa poética. Me gusta la crítica que explica con claridad elegante o que contagia la experiencia, no así el embarullamiento de lo que en clínica llaman una «ensalada de palabras» (algo así como: «Velázquez hace papiroflexia viento Guzmán») Prefiero el aticismo o la pasión al asianismo sin música: diarrea de palabras y estreñimiento de ideas.

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