Conciencia de límites, de impostor; me sumo a la tradición socrática: el verdadero conocimiento consiste en conocer la extensión de tu ignorancia. Advierto mis abisales lagunas culturales, la falta de lecturas, la vulgaridad de mi mente.
«Que sais-je?» En cartas privadas confiesa Darwin: «A menudo me invade la duda de si las convicciones de un hombre con mente de mono tienen algún valor» ¿Cómo comprender una fracción mínima del universo un mero mamífero como yo? Mis pensamientos son torpes, me siento débil. Leo a gigantes. Converso con muertos ilustres. Me mido contra ellos ¡Qué hueca poquedad! Ignoro el 99% del mundo.
Un bluf.
NOTA BENE: Acaso los que hemos leído un par de libros tenemos indefectiblemente el síndrome del impostor. Los muy ignorantes a veces sobreestiman sus conocimientos reales. Por otra parte no está bien ni es elegante autodenigrarse. En fin.
