Cabaleiro 115

Me disperso, pierdo constancia, la imaginación se altera, la voluntad se seca, el entendimiento evita el esfuerzo. No puedo aplicar una aplicación sostenida en la lectura. Sin serenidad y con el ánimo turbio, con esta sequedad de polvo de barro dentro, no puedo leer. Mi mente salta y brinca y no soporta el discurso continuo. Lo vivo como una discapacidad ansiosa, culpable.

«La mente de un hombre melancólico es como un mar agitado, siempre fluctuante, ora arriba, ora abajo; sin descanso, sin resolución estable. No puede fijar sus pensamientos largo tiempo en un solo objeto, sino que es llevado de una fantasía a otra, y esas fantasías son comúnmente tristes y temerosas. El estudio le resulta penoso, la lectura tediosa, su discurso entrecortado y su memoria distraída»; Burton.

Me nubla y debilita el desorden. Me asola una súbita aversión al estudio. Aborrezco el libro entre las manos. Impotente, aunque quiera no puedo. Todo me parece pesado e inoportuno. Acaricio a mi perrilla. Doy sorbos a la cerveza. Potentia deficit.

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