Cabaleiro 123

El odio a Ayuso es el tributo que la mediocridad le rinde a la grandeza, impulsado por el miedo de la clase acomodada y dependiente del Estado a perder su seguridad y privilegios.

Enfocada en rescatar a un país que se va a las sentinas, y vive ya en un pozo apestoso y corrupto, el «establishment» resentido y las clases «charlatanas», ven amenazados sus privilegios por ella, lo que los enfurece y recrudecen así su agresividad mientras hozan en su servidumbre voluntaria.

«Creo que ser liberal, en el verdadero sentido de la palabra, es no ser doctrinario, no ser dogmático, no estar comprometido con una causa, sino examinar cada caso según sus méritos. Ser de izquierdas es otra cosa; es una posición política. Creo que la mayoría de los periodistas, por definición, tienen que ser liberales; si no lo son, según mi definición, difícilmente pueden ser buenos periodistas. Si son dogmáticos predestinados a una causa, entonces no pueden ser muy buenos periodistas; es decir, si lo trasladan a su periodismo», Walter Cronkite (y para quien se sienta aludido, a diestra y siniestra)

NOTA BENE: Decidí abordar retóricamente la defensa de Ayuso de modo contundente y sin matices. A veces me harta la hemiplejía sectarista de los progres. Disculpen mis inevitables errores.

Ayuso, y no es poco, además está requetebuena.

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