Cada vez necesitamos usar menos nuestras capacidades mentales básicas para vivir y pensar. La tecnología externaliza funciones cognitivas; así hemos externalizado la memoria, la atención, el cálculo, el espacio mental, el criterio, la escritura y el esfuerzo. Este fenómeno lo podemos compactar o comprimir en un axioma: A MAYORES MEDIOS TECNOLÓGICOS, MENORES MEDIOS INTELECTUALES.
El axioma presenta una ligera paradoja; pese a que el individuo de modo creciente requiere menos exigencia cognitiva en su vida cotidiana, la civilización en su conjunto presenta una potencia intelectual sin precedentes con un caudal exponencial de información y conocimiento. El individuo no es intelectualmente autosuficiente; la inteligencia se concentra en las máquinas y las infraestructuras.
No propongo que volvamos a escribir con pluma de oca en pergaminos de monasterios cluniacenses, ni que dejemos de lado los procesadores de textos y escribamos soñando con esa resistencia del lápiz contra el papel, ese rasguño, ese titilar del grafito casi como si oyésemos las frases antes de verlas. Solo pido consciencia de los efectos limitadores para la autonomía intelectual de las nuevas tecnologías.
