Cabaleiro 128

La mayoría de las novelas modernas están escritas como si el lenguaje fuera un cristal; pero el lenguaje no es un cristal: es la sustancia del arte. Se olvida su dimensión estética: las frases como piedra tallada en el Machu Picchu, los giros como un chal frente a la intemperie, la tensión verbal como manos vivas de luz.

El mercado favorece y premia una prosa periodística, transparente y convencional; la recepción de ese idioma plano en estado de simple distracción caracteriza el arte de masas.

En efecto, la estructura del sistema editorial actual favorece la literatura legible, la mera legibilidad, frente a la literatura arriesgada. De las élites lectoras, el prestigio cultural de la literatura y el tiempo de ocio lento y profundo, se pasó insensiblemente a una caída del sistema general de la atención, a una competencia feroz con entretenimientos audiovisuales y a una industria editorial integrada en la industria cultural global. De ahí se infiere que un lector agotado cognitivamente busque solo una narrativa confortable.

¿Consecuencia? Libros con un 80 % cliché y un 20 % novedad. Si inviertes la proporción, llega el fracaso comercial.

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