a Marc Colell
Colección Textos Raros y Olvidados · nº XXVII
FRAY AIMERIC DEL LLANO († c. 1291)
CHRONICA CRINIUM ET SOLITUDINIS
Texto latino establecido a partir del ms. Limoges, B.M. Lat. 412
con introducción, notas y traducción de Émile-Victor Darras
París · Librairie Klincksieck · 1897
Nota del editor (1897) El pequeño tratado que aquí se publica procede de un códice de modestas dimensiones conservado en la Biblioteca Municipal de Limoges. La obra, anónima durante siglos, revela en su colofón el nombre de un tal Aimericus de Planitie —Aimeric del Llano—, monje de un priorato fronterizo cuya historia apenas ha dejado rastro en los archivos.
La «Chronica Crinium et Solitudinis» no pertenece al género de las crónicas monásticas habituales. Apenas menciona reyes, guerras o milagros. Su materia es otra: la llegada de un hombre sin nombre a una casa prestada en medio de una llanura, su convivencia con gentes rústicas y la lenta transformación moral que le procura el cuidado de un caballo viejo.
El texto avanza como una serie de epístolas sin destinatario. El narrador escribe como si alguien fuese a leerle, pero ninguna respuesta llega jamás. Esa ausencia constituye, acaso, el verdadero tema de la obra.
Pasaje del capítulo VIII (De Crinibus) Texto latino: «Venit ad domum alienam vir sine nomine, portans clavem sicut culpam. Et putavit se solum esse; sed solitudo non est, nisi superbia. Equus vetus, crines canae, stabat quasi testis temporis. Tangere crines est tangere memoriam: non regitur, sed docet. Homines rudes dederunt ei nomen, ut intraret in pacem eorum. Sic mutatur cor: non per clamorem, sed per diem ordinarium».
«Llegó a una casa ajena un hombre sin nombre, llevando una llave como quien lleva una culpa. Y creyó estar solo; pero la soledad no existe, salvo cuando es soberbia. Un caballo viejo, con crines ya blancas, permanecía como testigo del tiempo. Tocar esas crines era tocar la memoria: no se domina, pero enseña. La gente rústica le dio un nombre para que entrara en su paz. Así cambia el corazón: no por el estruendo, sino por el día ordinario».
Notas:
1. clavem sicut culpam — La llave simboliza una hospitalidad recibida como deuda moral.
2. solitudo… superbia — Fórmula célebre del códice: la soledad como máscara del orgullo.
3. equus vetus — El caballo aparece como testigo del tiempo y maestro silencioso.
4. Tangere crines… — Las crines representan lo indócil: aquello que puede tocarse, pero no dominarse.
5. dederunt ei nomen — El apodo funciona como rito de entrada en la comunidad.
6. per diem ordinarium — La transformación moral ocurre por la repetición de lo cotidiano.
Entre los capítulos VIII y IX falta un bifolio completo. En él se hallaría probablemente la causa del viaje del protagonista. No sabemos si la omisión fue deliberada o fruto del azar material. Tal incertidumbre constituye uno de los encantos del texto.
Reseña decimonónica (1898) en «Revue des Études Monastiques», París, marzo de 1898: “El manuscrito editado por M. Darras ofrece una curiosa excepción dentro de la literatura monástica. No hallamos aquí ni milagros ni genealogías, sino la lenta educación de una mirada. La «Chronica Crinium et Solitudinis» demuestra que la Edad Media conoció, antes de tiempo, el arte de narrar sin acontecimientos”.
