Putos monguers; el mundo está diseñado para que campen a sus anchas los putos monguers; cabreado y de mala hostia con tanto subnormal (debieran gasearlos a todos); ojalá pudiera vengarme de tantos hijos de puta con los que me he ido cruzando; roñosos incapaces de reconocer lo bueno, lo bello, impermeables a lo excelente, lo importante y lo eterno. Lo tienen frente a sus narices y son incapaces de reconocerlo, paletos, mezquinos, ignorantes, paletos siempre, se cagan y eructan, y atosigan con tocino sus estómagos, y se rascan los huevos y el coño, o se meten los dedos por el culo, y se los huelen y se excitan como cerdos silvestres delante del televisor. Mires por dónde mires: en las colas del supermercado, en los parlamentos del tedio. Putos monguers que rebosan el planeta. Envidiosos, corruptos, mediocres: ¡a mamarla! ¿Para qué sirven sus cantidades monstruosas de energía? Putrefactos ignominiosos que se orinan encima; confunden luz de cometa con luz de farola; no sospechan que el tiempo puede tener un sabor alto; sacerdotes del bostezo; algún día la muerte sibará con sus huesos. Felizmente.
NOTA BENE: Tenía la sensibilidad afilada e irritada. Que la cantidad de monguers es infinitamente mayor que lo que presuponen tus expectativas más pesimistas, es un hecho incontestable de la vida. Pero aprendes a tolereralos, a transigir con ellos. Se desbocó y patinó el caballo negro de la pasión. Pido disculpas.
Me voy templando. Se va extinguiendo la furia. Pongo música clásica (oratorios) Fue una tosca purga o desahogo del corazón. Estás cosas es mejor reprimirlas y no exhibirlas en público. Perdónenme, insisto. Detesto mis brotes iracundos.
