Cabaleiro 142

(Sobre el peregrino Rufi)

Burton describe aquellas caravanas interminables avanzando por mares de arena donde el horizonte parece repetirse con la «monotonie» de una promesa electoral. El viajero aprende pronto que en Arabia la distancia no se mide en kilómetros, sino en sed (infinita est velocitas temporis, quae magis apparet respicientibus) y que la multitud (multitudo non sequitur), vista desde lejos, puede ser apenas un «mirage» tembloroso producido por el calor. No es raro que los beduinos sospechen de los viajeros demasiado locuaces: el desierto desconfía de quien habla mucho porque sabe que terminará hablando solo (quien habla mucho, mucho yerra)

Algo parecido aguarda a quien pretende coser los jirones de la ultraizquierda mediante una gira de provincias. El problema no es el trayecto, sino el «paysage» humano: dunas y más dunas de indiferencia, caravanas cada vez más pequeñas, oasis donde apenas quedan tres palmeras ideológicas y un camello pensionista rumiando consignas de 1978. El enemigo, por supuesto, siempre acecha en el horizonte —una tormenta de arena convenientemente bautizada como fascismo; fascismo blanco, fascismo rojo, fascismo verde, fascismo tutti pleni—, pero lo cierto es que lo que más abunda es el silencio mineral de un público «évaporé».

FUENTE: Burton, Richard Francis. «Personal Narrative of a Pilgrimage to Al-Madinah and Meccah». London: Longman, Brown, Green, and Longmans, 1855–1856. 3 vols.

Deja un comentario