Variaciones 127

EL SERENÍSIMO CARDENAL RICHELIEU CONTEMPLA SUS ÚLTIMAS HORAS UNA NOCHE DE LUNA LLENA

Arrastrando su peluca de cascabeles por el limo,
el cardenal Richelieu espera la muerte
en nuestro planeta destejido e insensible,
en medio de una noche de astros con nieve.
La vida escrita y sus catorce gatos,
la cellisca premonitaria del aire. No tiene miedo.
Ojos de estatua desnuda en el hielo,
campo granate al fondo de la memoria,
infancia lejana de tablillas de cera.
No tiene miedo. Le protege la Luna.
Cuatro de diciembre de mil
seiscientos cuarenta y dos. Luna llena.
El duro fulgor del plenilunio
contra la inerte floración de los labios.
El calor de las estrellas cerca de sus ojos enfermos.
El diorama de la política como una risotada.
“Dejad a mis gatos una casa y comida asegurada,
y que me suceda el sagaz Mazarino”.

En la capilla de la Sorbona queda el conjuro
de restos luz de una diosa blanca y eterna.

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