(A Carlos Zanón)
Debemos destruir el mundo minuciosamente a través de un lenguaje nuevo y rupturista, o con ecos audibles de sinestesias nabokovianas. Las neuralgias y los acúfenos de nuestro siglo hieden. La inestabilidad mental es la técnica cotidiana. «Nunca he visto u oído nada más asqueroso que mi padre y mi madre», escribió con furia atrabiliaria Céline.
Todo esto se filtra en la novela negra en general y en la del gran Zanón en particular. Una música de suciedad sublime. Una pieza dividida en partes de pedos, putas, drogas, caleidoscopios con berrido de heroína, amaneceres con resaca y células sedientas. Charlatanes, estupradores, camellos, llenan de sueros agujereados la ciudad.
La soledad abyecta es un valor social y prima la estafa y la corrupción ¡Gloria al crimen y al robo! “Nota magis nulli domus est sua quam mihi lupanar”, “Ninguna casa me es tan conocida como el burdel”. Si nacimos en el foro: ¿por qué les sorprende que seamos gentuza?
