Los españoles tienen una de las confianzas institucionales en la ciencia más altas del mundo, pero una formación técnica y científica muy irregular (el 41,6 % cree que los gobiernos han creado virus para controlar la libertad y el 33,3 % cree que se oculta la cura del cáncer)
Existe confianza en los científicos como grupo profesional, no en la ciencia como método. Se los considera competentes, sacrificados y alejados de la corrupción, pero en cambio poco sabe la población de ciencia. Es una confianza moral, no epistemológica. De ahí que se respete a médicos, pero también se crea en conspiraciones. Una mezcla curiosa de admiración, deferencia y distancia. Se confía en ellos, pero no se comprende lo que hacen.
La ciencia es una manera de pensar mucho más que un cuerpo de conocimientos: un proceso que nos lleva de la confusión al entendimiento de forma precisa y fiable. Como dijo Einstein: La educación no es el aprendizaje de hechos, sino el entrenamiento de la mente para pensar.
Permítanme un tren de citas.
Max Planck, «The Philosophy of Physics», 1936:
“Un experimento es una pregunta que la ciencia plantea a la naturaleza, y una medición es el registro de la respuesta de la naturaleza. Pero la naturaleza solo responde cuando la pregunta está formulada en el lenguaje que ella comprende. Por eso la teoría no es un lujo, sino una necesidad: es el idioma sin el cual las preguntas no pueden formularse ni las respuestas entenderse”.
Erwin Schrödinger, «Science and Humanism», 1951:
“El cuadro científico del mundo que nos rodea es muy deficiente. Nos proporciona abundante información factual, pone todas nuestras experiencias en un orden magníficamente coherente, pero guarda un silencio terrible sobre todo aquello que realmente nos importa y que está cerca de nuestro corazón. No puede decirnos nada sobre el rojo y el azul, lo amargo y lo dulce, el dolor y el deleite; nada sabe de lo bello y lo feo, lo bueno y lo malo, Dios y la eternidad. La ciencia a veces pretende responder a preguntas en estos dominios, pero las respuestas son con frecuencia tan ingenuas que no estamos inclinados a tomarlas en serio”.
Darwin, «Origen de las especies, 1859:
“Hay grandeza en esta concepción de la vida, con sus diversas fuerzas, habiendo sido originalmente insuflada en unas pocas formas o en una sola; y que, mientras este planeta ha continuado girando según la ley fija de la gravedad, a partir de un comienzo tan simple han evolucionado y continúan evolucionando formas infinitamente bellas y maravillosas”.
Dejemos de admirar la ciencia como quien admira una catedral y seamos alfabetizados científicamente (aprendamos la lengua, el método, la disciplina de la ciencia; entremos en la catedral), busquemos -como los cuerpos buscan el sol- ser competentes en ciencia y filosofía de la ciencia. Porque una sociedad científicamente madura no es la que confía en los científicos, sino la que ha aprendido a razonar como ellos.
