Cabaleiro 151

El populismo no es una ideología, sino un estilo de comunicación política. Puede ser de izquierda, derecha o centro. Se basa en simplificar, emocionar y movilizar.

Ahora la ultraizquierda desea movilizar con otro recurrente baile de San Vito. Como que estamos ante un emergente drama moral y nacional el pícaro catalán nos exorcizará y salvará. Los culpables adquirirán forma de villano de cómic y las soluciones serán tan elementalmente comprensibles (caben en tres tuits) como imposibles.

Un movimiento político como de fraile medieval dividirá España en el Bien y el Mal, «dignidad», «justicia», «esperanza», «derechos», «miedo», «odio», «justicia», se blandirán como espadachines en un motín. El razonamiento y los programas de gestión y gobernanza se sustituirán por la justa moral. Veremos dosis de todo ello en las redes sociales, los magazines de entretenimiento, en la cultura audiovisual; como decía, el baile de san Vito.

Mucha musica, mucha manifestación masiva, mucho símbolo cultural y «artistas» unidos a la causa que acusa. Conciertos, memes, lenguaje informal, Rufián en Vogue. Las metafóras y los antagonistas se simplificarán hasta la irrisión. Como escribió Platón en el Gorgias: «La retórica es el arte de producir persuasión sin enseñar nada”. O como dijo Chantal Mouffe unos milenios después: “La política democrática requiere pasiones colectivas”.

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