CONCERTATO
El atardecer pertenece a la memoria. Pronto
subiré al último carro de fuego. Permitidme,
madame, que os haga un resumen de mi vida.
En esencia, todo fueron rosadas escarapelas
de seda natural, inquietas joyas verdes en mi regazo,
palabras bajo rosetones de cúpulas y albas.
Omitiré la melancolía porque sobrepasa la templanza.
Viajaré pronto al Ártico, al País de Nunca Jamás.
Decidle a todos que Venecia yace soñando
sobre el mar; la luz de la mañana no la despierta:
la revela. Marta, oh tú, único amor de mi vida
(estuviste más dentro de mí que lo más íntimo mío
y más alto que lo más alto de mí).
Hora es de partir hacia las últimas estrellas.
Quiero lejos à cette sale rosse de bourgeois.
Qué pocas cosas necesito para morir: mis raros
tomitos de bibliófilo, algunas carretadas
de agavanzos y rosas, a Noemí y mamá
en la memoria, mi bastón con puño de nácar,
el amor de mi perrita, los gatos silvestres adoptados,
y, a ratos, contemplar con la mente
el mar de Barcelona y la bruma azul
envolviendo las torres de mi pazo.
Decidles a todos mis amigos que fui feliz.
