Cabaleiro 157

UNA VIDA DE LECTOR

Acabo de comprar los ocho volúmenes
de Gibbon para leerlos antes de morir.
Avanza el fin con su vértigo imparable
y arden las últimas cortinas del crepúsculo.
Las paredes quemadas de mi biblioteca
no sé si son reales o las soñé:
fuga de colores de aves andinas,
prosa de miraje de la tarde inmóvil reflejada
en el espejo del arte. Mereció la pena mi vida
ilustrada: ese faro al fondo de la noche,
esa dicha de la que no pudo apartarse mi destino.

Con Gibbon no se envilecerá mi muerte.

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