UNA VIDA DE LECTOR
Acabo de comprar los ocho volúmenes
de Gibbon para leerlos antes de morir.
Avanza el fin con su vértigo imparable
y arden las últimas cortinas del crepúsculo.
Las paredes quemadas de mi biblioteca
no sé si son reales o las soñé:
fuga de colores de aves andinas,
prosa de miraje de la tarde inmóvil reflejada
en el espejo del arte. Mereció la pena mi vida
ilustrada: ese faro al fondo de la noche,
esa dicha de la que no pudo apartarse mi destino.
Con Gibbon no se envilecerá mi muerte.
Publicado por christiansanz71
No me verán fogueándome en el padelsurf, el kayak o el surf. Ni relajándome una seráfica mañana en un spa o apuntándome a una clase de yoga o de fitnes al aire libre. Ni alechugado bajo el sol espeluznante. "Vita Cartesii simplicissima est”, recordaba Valéry en "Monsieur Teste". La mía es abrumadoramente más simple. Un libro entre las manos, paseos con la perra, oír pájaros, salmorejo, crema fría de espárragos blancos y mermelada de moras. Feliz verano. Libertad, lógica y literatura.
Ver todas las entradas de christiansanz71