LEYENDO A ÁLVAREZ
De nuevo leo los poemas que usted dejó,
escritos desde el misterioso lujo del pétalo
por un veneciano cuyo tono redime de las
sandeces de una vida esclava y sin belleza.
Su poesía, cómo expresarlo, redondea la vida,
haciéndola plena, orgullosa, ofrecida a la alegría,
al instante de los latigazos de la carne,
al atardecer cálido del viento de junio en los ojos.
Percibo el triunfo del intelecto.
El triunfo de la mejor cultura
gobernando las frentes de los hombres.
Poesía intensa, verdiazul y amada.
Como si cuanto ha de adorarse
se ofreciera en su forma más bella,
y al adorar lo sublime, humillara
mi voluntad. Y solo -igual a un destino-
el vaho de Álvarez en el espejo.
