Cabaleiro 161

DE VITA BEATA

Ese hombre no suena a música de ascensor,
ni habla como un boxeador sonado,
no es una hiena atontada con la tecnología,
ni rumia la parrilla catódica.
Los niños, al pasar, dicen de él que es un señor
y se comenta que tiene miles de libros
y que se pasa la noche estudiándolos como un druida.
Viste con paños nobles y curiales,
pero desprecia el dinero,
y su espíritu tiene algo de quimera del agua
y algo de densidad del basalto.
A sus perros les habla en latín, griego y francés.
Estudia, lee y escribe, dice, para dulcemente esperar la muerte.
Su memoria es quieta y silenciosa,
su soledad un alunado museo.
Gusta del agua verdosa de las fuentes,
del sol erguido de las perfumerías,
de la claridad transfigurada de la melodía del papel.
Su patria es la niebla y los hermosos gatopardos
y la escarcha que alfombra el campo como una respuesta.
No, no suena como repiqueteo de música de ascensor.
Ese hombre es el futuro.

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