Cabaleiro 162

PASADA LA MEDIANOCHE

Zopencos pensamientos diurnos.
Lacerado pecho sin libertad.
Gabinete monstruoso como la panza
desventrada de un ganso mecánico.
Mendigo andrajoso lleno de arrugas.

Pero, pasada la medianoche,
como un vampiro, con otra sustancia,
entrando en la biblioteca secreta,
atiendo a mi mente que anhela lo alto
y que se alimenta de pavos reales
a las puertas de las estrellas,
y que se abastece de las lámparas afiebradas del orbe,
o de amor, que en el amor, va abriendo el fuego,
de frescos florentinos y piedras de Venecia,
y que, como tallada de un delfinario dorado,
es alma fundida con la noche,
unida a la perfecta armonía
de palabras-lechuza bajo la luna perpetua.

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