Cabaleiro 166

Talleyrand y Fouché fueron los únicos hombres que atravesaron indemnes la Revolución, el Directorio, el Imperio y la Restauración. Ambos habían comprendido que la fidelidad es una virtud privada, pero la flexibilidad una necesidad política.

Recordemos probablemente el insulto político más famoso de la historia. Napoleón sobre Talleyrand: «C’est de la merde dans un bas de soie», «Es mierda dentro de una media de seda.» Y recordemos asimismo cómo Fouché se veía a sí mismo como un probo político: «Yo no he servido jamás sino a Francia, y la he servido bajo todos los gobiernos porque Francia sobrevive a todos los regímenes. Los hombres pasan, los sistemas caen, pero el Estado permanece. Mi fidelidad nunca fue hacia hombres, sino hacia la necesidad política».

Rufián es un oportunista mediocre frente a los oportunistas geniales, su alarmismo es teatral frente a la mecánica del poder real, su discurso mera propaganda de bisutería frente a la supervivencia histórica de un Fouché o un Talleyrand. España no vive una época de monstruos del poder, sino de actores de segunda fila. Su retórica del miedo es exagerada y provinciana comparada con la historia real del poder. Su discurso juega al miedo moral, pero los verdaderos amoralistas históricos jugaban en otra liga.

La política española no vive una época peligrosa, sino mediocre.

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