Cabaleiro 167

CAMINO DE LA GUILLOTINA

¡Ay de vosotros, si todos los hombres hablan bien
de vosotros! porque así harán los padres
con sus falsos profetas. Una ascética para la felicidad.
Me dirijo al cadalso un día tranquilo
sabiendo que fui de los mejores; serví al prójimo,
fui benigno con ingratos y malvados,
hay delicia y secreto en mi alma rosácea.
Este atardecer solitario y luminoso no es el final,
supe sufrir y gozar, renunciar a la queja,
y subsistiré en la dulzura intemporal del cielo estrellado.
Viajaré entre grutas marinas a la otra ribera
enamorado de ti, oh mi Dios brillante y santo.
Mi corazón limpio rehusó pensar en cosas perversas;
sean míos pues los arroyos blancos del invierno.
Ostento el cinto de oro que he ganado,
a diferencia del chusmerío del que brotan albañales;
Ya veo los ojos infinitos en los astros fúlgidos
sobre un salón celeste con fragancia de melisas.
Ya veo mis playas cuajadas poniéndose amarillas.
Y pompas de jabón tañendo su iridiscencia.
Lo compuesto se descompondrá, pero regresará
al bien del empíreo. Todo final es un comienzo.

Deja un comentario